En muchos países, las nuevas derechas están promoviendo una sensibilidad centrada casi exclusivamente en el individuo y en su supuesta autosuficiencia. Bajo esa mirada, la pobreza, la discapacidad, la migración o la diferencia cultural dejan de entenderse como cuestiones estructurales y pasan a presentarse como fallas personales o amenazas al orden. No es un fenómeno nuevo: repite antiguas operaciones coloniales que despojan al otro de su espesor humano para justificar su exclusión.
En este escenario, el mérito se vuelve el filtro que oculta la desigualdad y deslegitima cualquier forma de cuidado. Quien queda afuera aparece como alguien que “no hizo lo suficiente”, mientras se naturalizan condiciones que lo exceden. Por eso pensar desde el Sur es indispensable: no para afirmar una identidad regional, sino para tomar como punto de partida las experiencias de quienes viven las consecuencias de sistemas que se presentan como neutrales, pero que reproducen desigualdades profundas.
La colonialidad sigue actuando cada vez que se recortan derechos en nombre de la eficiencia, cada vez que la libertad se promete a costa de la protección social, cada vez que la desigualdad se trata como un dato natural. Frente a esto, la filosofía de la liberación propone comenzar por el rostro del otro: del pobre, del migrante, del discapacitado, del excluido. Ese rostro no busca compasión, exige reconocimiento. Pensar desde el Sur es, entonces, un gesto crítico y una responsabilidad ética.
TEMARIO
I. La modernidad vista desde la opresión
– La modernidad no como proyecto emancipador universal, sino como proceso que se constituye mediante la exclusión.
– El surgimiento del sujeto moderno ligado a la capacidad de dominar y definir al otro.
– La idea de “mito de la modernidad”: toda promesa de progreso lleva un núcleo sacrificial.
II. Eurocentrismo como estructura del pensar moderno
– La noción de Europa como centro de la historia y medida de lo humano.
– La construcción de un “universal” que excluye cuerpos, territorios y experiencias.
– La tensión entre discurso emancipador y prácticas de violencia sistemática.
III. El encubrimiento del otro
– La operación que transforma la diferencia en inferioridad.
– La absorción del otro dentro de categorías europeas que niegan su alteridad.
– La invención de figuras como “bárbaro”, “atrasado”, “dependiente” para justificar relaciones de dominio.
IV. Exterioridad y negatividad: fundamentos de la crítica
– El otro como aquello que no puede ser reducido a sistema, mercado o categoría abstracta.
– La negatividad del oprimido como punto de partida epistemológico.
– La ética como respuesta a la voz que emerge desde fuera del orden establecido.
V. El rostro: irrupción ética y límite del poder
– El rostro como aquello que interrumpe la lógica de la totalidad.
– La alteridad no como objeto de estudio, sino como exigencia.
– El rostro del pobre, del excluido, del colonizado como punto de quiebre del discurso moderno.
VI. La colonialidad del poder
– La conquista como acontecimiento fundante de jerarquías raciales y económicas.
– La transformación del mundo en territorio de extracción, explotación y administración.
– La vivencia del “fin de un mundo” para pueblos sometidos y el inicio de un orden global.
VII. Ética de la liberación: vida, cuerpo y comunidad
– La vida concreta como criterio último de evaluación ética.
– La comunidad de víctimas como sujeto político y ético.
– La praxis liberadora como responsabilidad ante la vulnerabilidad del otro.
VIII. Crítica del sistema y fetichismo
– El sistema moderno-capitalista como estructura que convierte cuerpos en medios.
– El fetichismo como ocultamiento de relaciones de dominación.
– La violencia estructural como continuidad del encubrimiento originario.
IX. La responsabilidad como tarea decolonial
– La responsabilidad no como contrato simétrico, sino como obligación ante la vulnerabilidad del otro.
– Deconstrucción de mitos modernos: progreso, neutralidad, universalidad abstracta.
– La necesidad de una política que parta de la exterioridad y no del centro.
X. El rostro del oprimido como criterio de crítica global
– Invertir la perspectiva: de la periferia al centro hermenéutico.
– Pensar la historia y el presente desde la herida, no desde el relato del vencedor.
– La filosofía de la liberación como proyecto universal nacido desde la opresión.